Can you take me higher?

De pié en el campo reflectando la luz, como el mismo sol, nada puede detener tu férrea voluntad, el miedo no es razón suficiente para rendirse, ese eres tú, existes porque tu destino es ese. Estás aquí para rescatarme, estoy aquí para ser parte de ti, hoy, ahora, en este efímero minuto de esta vida extraña que nos ha puesto frente a frente. Amo tu valor, amo lo que haces conmigo cada día, quiero estar en tu bolsillo para siempre, olerte, sentirte, vivirte.

Eres mi sol, un sol radiante y claro, suave y radical, que me llena, me pregunta, me ignora, me debate, me cuestiona. Eres.

El día, el cielo, el aire, el amor en cada brizna escapa presuroso como el pequeño colibrí que se empeña en tomar todo el polen y más. La maravillosa imagen de las montañas a nuestra espalda, tú, yo, el universo entero en todo su esplendor sólo para ambos. Nos convertimos en nosotros, en este preciso momento y mi voz se emociona de sólo hablarte. Hacemos una plegaria juntos y agradecemos estar, ser, respirar, crear, sentir, vivir y amar.

Desnudos en este campo verde y primordial, sentir como fue la vida al comenzar, cómo fue la existencia antes de vivir,tu mano en la mía, con la certeza de estar precisamente donde queremos. ¿Podemos ir más arriba? ¿Podemos ser más perfectos que en este minuto? Mi corazón toma una fotografía del momento. No quiero pensar, no quiero decir, ni oír ni sentir nada más que hoy y ahora. Somos, ebrios de felicidad, de amor y de verdad primordial, can you take me higher?

Juegos

Escuchan por tercera vez la seguidilla de canciones, saben que lo que han decidido no cambiará jamás el curso de sus vidas, que existen otras vidas que deberán o simplemente decidirán vivir. Salen separados. Un beso furtivo y ya está.

La escena se repetirá varias veces ese verano, el calor y la locura de la estación ayudará a asentar este amor que exuda rabioso y permanente, que se palpa en el sudor de sus espaldas, que les hará vivir juntos y desear no haberse conocido, que les hará tener un destino en común que al cabo de los años les convertirá en amantes, amigos y hermanos. Todo junto en una sola amalgama que otros llaman vida. Compartirán un sino equivalente y por lo mismo absurdo, se amarán en cada oportunidad, porque se conocen, porque lo saben y porque pueden, con rabia, con pasión, con resignación, con olvido y con el corazón. No importará quién esté de por medio, sólo esta fuerza irrefrenable les unirá miles de veces a lo largo de sus vidas, pero ellos no lo saben en este punto. Lo sabrán más tarde o tal vez ni siquiera se den cuenta…

La celebración del carnaval ha comenzado. No han acordado nada, pero irremediablemente llegarán al mismo punto de reunión. El lugar está abarrotado, miles de brazos expectantes se alzan al compás de las canciones, Muchos se besan furtivos en las esquinas y se abandonarán al terminar la noche.

Ella llega tarde pero entera, con su grupo de amigas ruidosas y desafiantes. Atraviesan el túnel que conduce al salón principal. De pronto flashes de fotografías golpean sus ojos que recién se acostumbran a esta media luz.

Ella lo divisa a lo lejos, ebrio y decidido, rodeado de sus amigos que ríen, beben, se abrazan cariñosos, en una hermandad que extraña y primordial existirá después de este día.

Bailan todos. Juntos. Por separado. Beben todos. De pronto ella siente otro flash molestoso en sus ojos, siguiendo la luz ve que él ha escondido la cámara en su bolsillo. ¡Payaso! Dice ella molestada. Él no reparará del comentario y fingirá no haberla enfocado. Ni siquiera hablan. Ese día no se irán juntos ni se verán. Han empezado a aceptar su destino como tal y no se persiguen.

Ella sale tarde y abruptamente con sus amigas, una pelea ha empezado. Alcanzan a ver nítidamente como las sillas vuelan por las cabezas de los danzantes. Es él y sus amigos, a puñetazos con quién sabe quién. Ríe fastidiada y se marcha.

Años más tarde descubrirá las fotografías en la habitación de él y se dará cuenta de muchas cosas que hasta ahora ha pasado por alto.

The Seafarer

He boasts about had visited over than 90 countries and had been literally on the seven seas. The sun, the wind and the horizon are his guides, companions and his eagerness.
He has been living years in a life he did not seek. He arrived by accident to his door that day when they invited him to sail.
He dived in clear but traitorous ocean finding treasures hidden by centuries in the coast of his mother land.
He was in the worst sea of Europe rescuing the trace of the industry which pumps the entire world’s destiny, watching those giants arteries who fed the heart of the country, and right precisely at the same point where vikings long time ago went ashore to horrified this people for over than 100 years.
He sailed in the idyllic ocean where Captain Cook was brutally murdered and there he found some peace and a safe shore under a sunset.

He found scoundrels and pirates along together with beautiful maidens swimming naked offering their lungs full of air that kept him being in the depths of the ocean.

Then he went to the lost Mayan beaches where the gold came out from the belly of the sea itself; he also found evilness, beauty and friendship.

The Seafarer likes his gourmet food and the natural wind coming through his window. He breaths gust by gust with no pause or truce  ‘cause he is made of this same air.

He travels escaping, he escapes traveling and in the path of this hallucinatory and funny exercise he had realized sometimes life was not as nice as he possible could have imaged. There are some scars from the old routes, but the Seafarer refused to see or simply to be reminded of it. He knows because sometimes it hurts, sometimes he barely can feel it, but sometimes he is cut to pieces, his simple and strong soul.

He faced storms, crossings without sense, destiny or end and always with his smile as the best sword to defend himself from cruelty and misfortune. But for the pain of his heart there is no sword or smile worth enough for the dark memories of a land life and a lost family that put shadows in his soul.

Being close to the Seafarer one smells the sea, feels the breeze and enjoys the sun of this never ending summer which has been his entire life. Listening to never ending travel stories, maritime terms and thousands of different accents in his own voice. But also seen is the fear to not keep following the wind when he feels trapped, the irrepressible fury of the storm when he looses his patience and the soft rolling of the ocean when he loves.

Nobody gets tired of him, but inevitably he will get tired of everybody, because his spirit is made of the same storms he wants to avoid, the same blizzard which has pulled his ship and the wind itself which guided him without compass or charts to a destiny he has not chosen, because invariable all in Seafarer’s life has happened by accident.

Las Maletas

Mary ya ha levantado los platos de la mesa y nos preparamos un té de menta cada una. Gregorio y Pancho se han ido al living a mirar el canal español del cable.

Gregorio, lentamente se ha ido deshaciendo de sus posesiones por muchas razones que él enuncia con ardor y sin mucho convencimiento, pero la verdad detrás de estas decisiones es que ya ha perdido el toque. Todos sus negocios han ido acorralándolo en un mar de problemas de difícil solución. Y el que solía ser agudo y rapidísimo en la toma de acertadas decisiones ya no lo es más. Las continuas borracheras, esa adicción sin medida al alcohol que ha logrado romper de golpe y porrazo no hace mucho y naturalmente su edad, le han llevado hasta este punto. Nunca fue bueno para delegar, y nadie, pero nadie de sus parientes logró seguirle el paso, al ritmo que él requería y con la devoción que él exigía.

Sólo Mary sigue al pié del cañón en una decisión tragicómica, incluso para ella. En la cocina empieza a contarme su más reciente viaje…

Después de toda la pelotera de la venta del hotel, que fue un mal rato después del otro, a Gregorio le pagaron la millonada en billetes. ¿Puedes creerlo? Estuvo hasta las tantas en el banco contando al lado del cajero, para que no se le vaya a escapar un peso. ¡Qué obsesión! Pero bueno, gracias a Dios ya se terminó esa tontera. Mandó a buscar las maletas grandes, que estaban en el sótano y que no usábamos desde la última vez que fuimos a Miami en crucero. La empleada no las encontraba. Si yo tuve que estar en cuatro patas buscando las leseras.

En las maletas se trajo la plata, toda la plata. Qué locura, no depositar, no buscar una manera. Gregorio siempre ha creído que le quieren robar, es desconfiado.

Trajo las maletas llenas de billetes y las escondió debajo de la cama. Yo no pude dormir de puro susto pensando que cualquiera se hubiera dateado y hayan llegado a mi casa en la madrugada a asaltarnos por las famosas maletas. Qué rabia. Yo pensaba qué hago, si vienen estos tipos y te golpean con fierros en la cabeza y el perro es tan flojo y confiado, si te apuesto que los acompaña para adentro.

Así estuvimos una semana, mientras Gregorio pagaba algunas cosas y empezaba a gastarse la plata a tontas y a locas, mira la tremenda camioneta que compró, ¿para qué si ya teníamos una?. Pero bueno, yo no le reclamo nada, ¿para qué? Si se molesta y me dice hasta para mi abuela.  Y mis hijas lo secundan, que es peor.

Gregorio me dijo Mary, nos vamos a la nieve el fin de semana. Qué rico dije yo, sin tener que lavar platos y estar pendiente de la empleada y de las famosas maletas. Qué bueno, le dije, preparo todo y partimos cuando tú digas. Nos vamos mañana dijo él. Menos mal que me avisó, cuando yo siempre soy la última en enterarme…

Partimos temprano en la camioneta nueva, y no me vas a creer, pero se trajo las maletas con plata en el viaje. Si es de locura todo esto.

Certezas

Amanecen abrazados en la playa, con el sol golpeando fuerte sus cabezas y los pájaros cantando alegres hace rato. Lento se dirigen a la casa donde él se hospeda.

Luego de una ducha y un escuálido desayuno, se dirigen a la cama, frescos y sonrientes. Se miran, se tocan, se abrazan, se aman nuevamente y luego una vez más.

Él decide traer una jarra con agua fresca en caso de necesidad. Ella ríe divertida la ocurrencia y se pasean desnudos por la habitación, con el sol entrando a raudales por la ventana. Es medio día.

La música acompaña el momento y no hay preguntas ni frases comprometedoras. Sólo la fresca proximidad de sus cuerpos y su conversación certera y animada. Nada más existe, nada más existirá nunca más.

Ella lo entiende tan simple y llanamente, como si hubiera sido un secreto a voces, por mucho tiempo guardado en su cabeza. Todo lo anterior, el sufrir, el cuestionar, el dolor, todo aquello desaparece a la evidente presencia de esta conclusión. Cuando él empieza a contar lo que ha sucedido en este tiempo de ausencia, ella cierra sus labios con un beso. Realmente no importa ya.

Acaricia la cadena con el mapa de la tierra que él juró defender y piensa que no hay necesidad de sentir celos de una quimera, representada tan sencillamente. No hay necesidad de hilar más fino esta historia, porque lo que el tiempo les tenga reservado, será siempre de la misma forma. Porque ambos lo han permitido, porque también existe medida en este amor que se profesan, porque ambos han aprendido en este día soleado de verano que no hay nada más allá de este momento. Que siempre estarán juntos como están en este minuto de sus vidas, y que no importa nada más. Permanecerán juntos largo tiempo, este día y los venideros, porque así lo han decidido, porque no hay amor más grande que la libertad de poder amarse, sin preguntas, sin mañana, sin ayer y sin quizás. Así lo escriben con besos y voces entrecortadas esa tarde de verano. Pronto se dan cuenta que el agua de la jarra se ha ido. Ríen y él, amable y servicial, trae más.

El Consejero


Exhibe su voz tentadora, suave y dulce, sus tonos estudiados y correctos, cada vez que habla de negocios, de política o simplemente de la vida. El Consejero tiene la Prudencia a un lado de su escritorio, la Sabiduría al frente y la Belleza escondida en sus cajones porque no quiere ni por un segundo perderla de vista. Por años se han encontrado en el mismo lugar, la misma oficina, el mismo ritmo pausado. Día tras día, sólo con contadas ocasiones que se ausenta y en los que disfruta de secretos placeres que para nadie son relevantes, sólo para él.

Responsable y comprometido, hombre de negocios agudo y certero, juzga con la mirada y rara vez se equivoca, estudia en un instante una propuesta y automáticamente sabe si es buena o una basura enfundada en fino papel. Amante hijo,el mayor de los hermanos de su aclanada familia, cariñoso y preocupado. Jefe amable y considerado, siempre con la palabra correcta, la palmada en la espalda precisa, el regalo indicado, el asenso esperado. Puntal fundamental, existe desde el principio en este universo finito de la empresa que juró defender como suya, aunque claramente no lo es. Mucho ha cambiado desde aquella tarde de otoño que él, siendo sólo un chico, llegó temeroso pero lleno de vigor a hacerse cargo. Porque así es, se hace cargo y cuando se hace cargo todo el mundo respira, porque en sus hombros anchos y fuertes descansa el mundo entero, como Hércules sosteniendo al globo, como el mismo Zeus a cargo de la bóveda celeste.

Muchas veces le han preguntado quién lo sostiene a él y recuerda silencioso la hermosa casa en los bosques, donde ardillas, ciervos y a veces osos curiosos llegan a visitarle. El silencio del lugar vale su peso en oro para el Consejero, que no se cansa de decir que no le importa que esté lejos, que tenga que conducir como un demente, levantándose a las horas más insanas, sólo para llegar a seguir sosteniendo este globo esquivo y desordenado que se caería a pedazos de no contar con él.

Cuando sonríe lo hace desde el fondo de su corazón, que no se cansa de latir todos los días. Existe, desde el fondo de su alma que no se cansa de buscar prudencia y equilibrio. Vive, respirando el aire puro de su bosque encantado, disfrutando la familia sencilla, los placeres hogareños, el día a día, bucólico pero cierto. Sin embargo, el Consejero tiene un secreto, tan bien guardado en su bolsillo, cerquita de su corazón, que nadie, nunca jamás, podría creer que es así. El Consejero ama, como nunca antes y como jamás imaginó. Es un amor de novela, una pasión otoñal que le pasa la cuenta por no haber amado con furia antes en su vida, y que como todas las cosas realmente importantes en la vida del Consejero sucede en el momento equivocado y en el lugar equivocado. La figura que él ama está tan lejos de él como las mismas estrellas, es tan improbable que se vean alguna vez frente a frente como improbable es que broten obeliscos de la tierra. Empezó tan lento y suave este amor, que él no reparó de su existencia hasta verla en una fotografía y darse cuenta que ella era todo lo que había imaginado y más allá. Pero existe este punto débil del Consejero que jamás le ha dejado conseguir la gloria para la que fue destinado y que siempre le ha causado penas y sinsabores.

Este inconveniente no sería un mayor problema de no mediar por la sostenida idea del Consejero que su vida ya es así, que nada puede cambiar y que si cambia también será en las mismas condiciones y por el mismo azar. Tan acostumbrado está a su sino que no se atrevería siquiera a pensar algo al contrario.

Pero por el momento nada de eso importa, porque él AMA, como un chiquillo en plena primavera y la voz de su amada abre las puertas cerradas de su corazón y podría pasar horas sólo escuchando esa voz que es presencia, cuerpo y corazón. Acaricia su foto con cuidado y devoción, imagina hermosos paseos por el bosque y suaves tardes en su hogar. Imagina también algunas otras cosas, pero prefiere obviar esos pensamientos por ahora. Sólo con soñarlo, sólo con soñarlo, el Consejero se llena de alegría y es entonces cuando su risa franca escapa a raudales y hasta luminosa es su figura. Es en ese minuto cuando está precisamente donde debe estar y es el que debe ser.

El Navegante

Se jacta de haber visitado más de noventa países y de haber estado literalmente en los siete mares. El sol, el viento y el horizonte son sus guías, sus compañeros, su afán.

Lleva años en esta vida que no buscó y que llegó por accidente a su puerta la vez que le invitaron a echarse a la mar.

Se sumergió en aguas traicioneras pero claras, buscando tesoros escondidos por siglos en los mares de su patria.

Estuvo en el peor mar de Europa rescatando los rastros de la industria que bombea los destinos del mundo entero, contemplando aquellas arterias gigantescas que alimentaban el corazón de la nación y exactamente en el mismo punto donde los vikingos mucho tiempo antes, desembarcaron para aterrorizar a ese pueblo por 100 años.

Navegó las aguas idílicas donde el Capitán Cook fue asesinado arteramente y encontró algo de paz y un puerto seguro bajo sus puestas de sol.

Se encontró con rufianes y piratas, con hermosas doncellas que nadaban desnudas ofreciéndole sus pulmones llenos de aire para seguir en las profundidades.

Se dirigió luego a las playas perdidas de los mayas, donde el oro brotaba desde la panza del mismo mar, y también encontró lacras, bellezas y amistad.

El Navegante gusta de la buena mesa y del viento franco entrando por su ventana. Respira a bocanadas, sin pausa ni tregua, porque está hecho de este mismo aire.

Viaja como escapando, escapa como viajando y en el transcurso de este ejercicio alucinante y divertido, ha caído en cuenta algunas veces que no ha sido tan agradable la vida como él pudo imaginar. Quedan cicatrices de las rutas recorridas, que el Navegante se niega a hurgar o siquiera recordar. Sabe que están ahí porque duelen de vez en cuando, a veces ni se sienten, pero a veces le parten su alma simple y decidida.

Ha enfrentado temporales, travesías sin sentido, sin destino ni fin y siempre con su sonrisa enhiesta como la mejor espada para defenderse del infortunio y la maldad. Pero para el dolor de su corazón no hay sonrisa ni espada que valgan y los recuerdos oscuros de una vida en tierra y una familia perdida le ensombrecen su alma.

Estar cerca del Navegante es oler el mar, es sentir la brisa y disfrutar el sol del verano sin término que ha sido su vida. Es escuchar infinitamente historias de viajes y aventuras, términos marineros y miles de acentos diferentes en su sola voz. Es también ver el miedo a no poder seguir al viento, cuando se siente atrapado, la incontenible furia de la tormenta cuando pierde la paciencia y el suave vaivén del mar cuando ama.

Nadie se cansa de él, pero él inevitablemente se cansará de todos, porque su espíritu está hecho de las mismas tempestades que quiere evitar, de las mismas ventiscas que han hecho avanzar su nave y del viento mismo que lo guía sin compás ni cartas a un destino que no ha elegido, porque invariablemente, todo en la vida del Navegante ha sido por azar.