Plegaria

prayer

No me siento feliz al llegar a mi casa, me has dicho de golpe y sin que te lo haya preguntado. Me has dado a entender que lo que debía ser tu hogar es un circo barato en el que moran, sin orden aparente, libros, muebles, recuerdos, vajilla, cajas vacías, espacios recónditos y un largo además.

Te escucho y trato de ponerme en tu lugar. Imagino las superficies queridas bajo el amparo de este caos que enuncias con vehemencia y no logro concentrar mi atención en tus palabras. No logro indagar para dónde va  esta queja encubierta, esta forma de evasión , ¿qué te molesta?, ¿qué es lo que te choca? ¿Qué quieres, finalmente?

Al amparo de los años compartidos, trato de explicarme tus preguntas y tu malestar, trato de interpretar tus dichos y entrar en tu pensamiento despacito y sin que me notes, para poner mi oído en tu alma atormentada por la tristeza y la sensación de los años pasados y los sueños no cumplidos. Siento, finalmente, que el desorden que tanto te molesta es el que, de modo figurado, pasa la cuenta por tus logros, metas y futuro. Escucho tus palabras, me sumerjo en tus pensamientos. Exhalo conclusiones que no vienen al caso compartir y no consigo ver el caos que enuncias con vehemencia.

Te digo, mira el vaso lleno, y creo firmemente que eres capaz de verlo, si te lo propones. Pero lo que te propones siempre ha escapado de mi entender y mis oídos son incapaces de procesar el idioma que viene de tu alma, cuando entras en ese estado de negación.

Escucho tu voz nuevamente, tus inflexiones, tus expresiones y me pierdo en lo que me hablan tus ojos.  Entiendo que estás en mitad de muchas cosas, que el tiempo avanza inexorable  y que siempre caemos en su cuenta, cuando menos lo esperamos. Entiendo que no hay seres perfectos y nunca he esperado eso de ti.

Quiero que el dolor no te toque, que la aflicción no te venza, que tus visiones sean sólo sesgos de tus miedos, que sigas soñando y me sigas deslumbrando cuando no quede nada más que ofrecer, excepto tu compañía.

La Habitación

Hubo un tiempo en el tiempo donde todo resplandecía de la mano de Lucía, que fregaba con escobillas de esparto y jabón de lejía hasta que los semblantes se reflejaban en las tablas del piso. Se esforzaba como si esta casa fuera de ella y no paraba en su empeño hasta ver las superficies brillando. Entonces, estaba todo dispuesto para las tertulias y las visitas de los amigos; para las cenas y para las noches de lectura en compañía de un cognac y un habano.

El papel decomural mostraba sus grandes flores de colores deslavados, con su fondo de color manila. Pensamientos, rosas y jazmines se armaban en intrincados ramilletes que cubrían las paredes, dándoles el tinte que los habitantes de la casa necesitaban. Las vigas del techo se mostraban desnudas y plenas de  tallados, con historias y hechos conocidos sólo por la mano del carpintero, que tuvo a bien disponer su creatividad en cada una de ellas, haciendo un mapa imaginario que empezaba en la sala y terminaba, como era debido, en los dormitorios.

Los muebles fueron encargados a Europa. Los más expertos artesanos reprodujeron para todas las habitaciones exquisitos decorados que le hacían honor a las maderas que los sostenían. Todo olía a madera y calor. Todo estaba entremezclado con la cera de abejas que Lucía se empeñaba en frotar en cada ropero, cama, mesa, silla, arrimo, escritorio y biblioteca. Incluso las ventanas, con sus grandes postigos de bronce, recibían de vez en cuando una pulida con aquel paño de lana que amenazaba con desarmarse, pero que, en sus sabias manos, revivía una y otra vez.

La cama estaba dispuesta contra la pared al lado del ducto de la chimenea que subía desde el primer piso. Desde la ventana, entraba la luz de la mañana clara y sensible, cegadora en verano, amigable en invierno. El escritorio se adosaba a la pared contigua y todo olía con la brisa de la tarde que se colaba presurosa por entre los vidrios. La bacinica de porcelana descansaba callada y dócil, invariable, debajo de la cama. Todo tenía su espacio reservado, su parsimonia prevista, sus horas encantadas.

A la vuelta de los años, cuando la familia abandonó lentamente la casa, sólo esta habitación fue permaneciendo entera, con sus muebles y su papel decomural, hasta que el paso de los años fue cobrando lentamente sus cuentas y llevando por delante cada espacio, cada decorado y cada tinte consigo en un viaje sin retorno. Ya no estaba Lucía para salvaguardar la dignidad de  pisos y artefactos. Se había marchado mucho antes, sumida en el sopor mortal de las fiebres que causaban estragos.

La pátina en los vidrios fue creando visiones fantasmales que se colaban junto con el viento que entraba por las rendijas, ensanchando sus cavidades cada vez más. El papel decomural fue colapsando, por efecto de la humedad que interfería molestosa aquí y allá, hasta dar paso al alma de la pared, donde había morado la suave malla de arpillera, por años protegida, dormida y de pronto violentada por los elementos.

El polvo se iba acumulando en todos lados y sólo la vieja bacinica se mantenía en su sitio. Los pisos perdían lentamente su color rojizo y daban paso a un gris desaliñado que tocaba con tintes nostálgicos toda la habitación. La cama, dispuesta contra la pared, porque nadie se atrevió a moverla, seguía allí, como aspirante eterna al nido de las termitas y las salpicaduras de la lluvia que iba cobrando cada vidrio del ventanal, en cada temporal.

Cuando vinieron los carpinteros a demoler finalmente esta habitación y la casa por completo, de alguna parte perdida en las paredes y a fuerza de los martillazos, brotó un rosario, por años buscado, siempre recordado, que cayó dramático al lado de la bacinica, aún incólume, llena del polvo de los años, como si sus antiguos inquilinos hubiesen convertido sus humores en finas partículas, como sus recuerdos.

abandolandia

Revelaciones

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Había soñado con esa escena varias veces, a lo largo de estos años, en imágenes difusas, como espectros cortados.

Además de la secuencia del minuto final en su vida pasada, que, con la ayuda de Mercedes Pilar y su propia porfía, apuró en entender; soñaba invariablemente con la escena de un plato con sal que se iba diluyendo en su propia humedad.

Veía una cama cubierta con una colcha de colores y el plato claramente dibujado debajo. La habitación era regular y no tenía dibujos ni pinturas, sólo una pequeña ventana a un costado le daba toda la luz que podía recordar. A veces, parecía que la sal cobraba vida y por alguna razón oculta se volvía más y más líquida, como si quisiera volver a su estado primigenio, de regreso al mar.

Mercedes Pilar quedaba siempre tan impresionada por estas visiones como por cualquier otra que llegara a sus sueños o a su entorno. Ceramista de profesión, artista por esencia y dotada de esta extraña capacidad para ver  más allá de lo evidente, que la perturbó desde que tuvo uso de razón porque jamás creyó que fuera posible, hasta el minuto macabro que vio en televisión exactamente la misma escena que había venido soñando por días.

Cuando se conocieron, Mercedes Pilar no pudo evitar comentarle lo que veía tan evidentemente en su semblante perdido  – Tu vida ha empezado mucho antes de este tiempo. No te asustes, que suele suceder. Lo he visto algunas veces, pero nunca tan claro como ahora. El amor te ha arrastrado a esta vida. Es el amor el que te dará las respuestas que buscas a las preguntas que moran en tu conciencia –

No tenía miedo. La verdad de las palabras de Mercedes Pilar le hicieron sentir que el comienzo estaba más cerca de lo que ella imaginaba, que sólo bastaba un poco de paciencia y la señal adecuada. Ahora, este plato con sal no le decía mucho a ninguna de las dos.

Estaba claro que el deseo de volver al origen era su propia conciencia llamándola. Estaba claro, también, que esta historia estaba escondida y más enterrada por el tiempo en donde se había iniciado. Mercedes Pilar se esforzó en buscar respuestas.

Un día dieron con la clave de todo, cuando ambas vieron la colcha de colores justo frente a ellas.

Ser

tormenta

Hago una tormenta en un mar de posibilidades y aún no sé adónde voy a llegar con mi existencia, aún no sé dónde convergen mis apreciaciones ni hacia dónde va mi destino. ¿Lo tengo? ¿Quiero tenerlo?

Me despierto en un sobresalto que me vacía el alma y deja mi corazón pegado a mi garganta. Miro a todos lados y sólo veo la ventana y las delicadas hojas del árbol que me protegen desde que tengo memoria, aquella misma memoria que quisiera borrar de un soplido y poder empezar a llenar de nuevo, día a día, al amparo de la experiencia que me precio de tener.

Escucho con atención los latidos de la ciudad y los míos y no logran sincronía. Estoy, existo, soy, pero de una forma diferente, al amparo de la experiencia que me precio de tener.

Hago una tormenta en un mar de posibilidades y aún no sé adónde voy a llegar con mi existencia.

Abrazos

Abrázame fuerte, no te sueltes de mí, dice él entre divertido y serio. Aquí estoy, apriétame fuerte, antes que lo último de mí se vaya.

Escucho tu corazón, siento tu aroma en mi nariz y eres parte de mi ser, piensa ella mientras aprieta su espalda contra su pecho. 

Abrázame fuerte, dice él de nuevo, no me sueltes que esto es lo que queda, esto y nada más.

Ella le verá alejarse después de este abrazo, ser nuevamente el sorprendente, locuaz e interesante que siempre ha sido, quedarse con su olor perdido en sus sentidos y dejarle ir. Queda el abrazo grabado en su memoria. Recorre el panorama, huele el río y sentirá que está aquí, pero de alguna forma insólita y verdadera lo que queda es sólo el abrazo, eso y nada más.

Me ha llamado Hermosa

margaritas

Aprieta con emoción el ramito en sus manos. Las frágiles margaritas se van marchitando a medida que avanza en su camino. Aprieta los dientes también y no mide sus pasos. Pierde la huella por un segundo y un cardo infame le rasmilla los tobillos. No le importa, no lo siente. Sólo escucha aún en sus oídos las frases entrecortadas de este hombre que la ha llamado hermosa.

Tantas palabras bonitas, viniendo de la misma boca que la besa y la devora, la hacen sentir liviana y suave, como la espuma. Siente aún sus manos en su espalda y se esfuerza por borrar la sonrisa de su boca. Aprieta los dientes una vez más y sueña con una vida con él y por él. Le ha despertado, le ha hecho volver a vivir o tal vez nunca había vivido y es esta brisa que le enciende sus mejillas la llama del amor.

Nunca ha sido muy sentimental y nunca había sido tocada por la ternura o la emoción. Sólo él le ha despertado, le ha hecho sentir lo indescriptible, la ha hecho morar entre sus sábanas y recorrer su cuerpo que creía marchito, para hacerla vivir. Él le ha llamado hermosa.

Todo la amargura y la tristeza que moraban en su ser se han desvanecido. Todos los días oscuros e iguales se han perdido. Todos los abrazos que siempre vió ajenos, ahora están aquí. Sólo existe por su abrazo, sólo espera su contacto. Sólo espera las frases entrecortadas en sus oídos y el olor a humo y sal que emana de su piel.

Estaba tan cerca y nunca le había visto. Nunca había siquiera soñado con este encuentro y aún cuando todo está en contra, y él esconde un secreto del que se ha cuidado de mostrar,  ella sabe que le ama y es correspondida. Las historias de los cuentos y las novelas se hacen presentes en su vida ahora y, por primera vez, se siente plena y en paz. Era esta dicha la que esperó siempre. Sus besos y su abrazo, sus frases azucaradas y suaves, sus manos recorriéndola entera. Ella se le ha entregado en nombre de este amor inconmensurable que le brota de su pecho y no sabe cómo fingir que no existe. Él le ha pedido esta prueba y ella no ha dudado en entregársela. Están hechos el uno para el otro, ha dicho y no quiere perderla.  La ha llamado hermosa tantas veces que ha terminado por convencerse. Jamás nadie había tenido una palabra de amor para ella. Él se las ha dicho todas y más.

Camina por la vereda y apretuja las florcitas una vez más. Cae en cuenta de ellas y las mira con tristeza. El calor de sus manos las ha marchitado. Él le dirá que no importa, siempre la pradera está llena de ellas, como su corazón está lleno de su mutuo amor.

Se amarán en silencio en los tiempos venideros, hasta que él revele su secreto con crueldad y sin importar nada más. De nada valdrá todo lo dicho, de nada valdrá este amor que le consume. De nada valdrá que él la haya llamado hermosa.

Descubrimiento

espejo_fantasma

Miro mi cara en este espejo y por fin me siento cómoda con mi semblante. Por años he evitado verme, porque esta imagen no se ajusta a mis recuerdos. Siento que he vivido mucho tiempo y muchas vidas en un pasado nebuloso y distante que se escapa de mis memorias. Intento atraparlo, pero me evade. A veces logro encontrar una parte de esa historia, pero al igual que los arqueólogos, tengo que ir juntando los pedazos, adivinando hasta lograr entender el todo.

Es agotador y humillante. Es demasiado vivir. Quisiera sacarme estos recuerdos molestosos y concentrarme sólo en esta vida, pero el sonido de tu voz me persigue. Golpea mi mente como las olas del mar a los acantilados. Intento mantenerme incólume, pero me vences, no quiero seguir escuchando la música de tu nombre en mis sueños.

Me das esperanza desde la profundidad del pasado y la fuerza para buscarte. Quisiera no haber vivido tanto, quisiera haberme aferrado a tu mano y no haberte perdido. Quisiera tantas cosas de esa vida y de esta y siento que estoy en mitad de la nada. Te siento tan cerca que podría tocarte. Tu olor se desvanece de mis sentidos apenas toco esta conciencia. No quiero estar consciente. No quiero estar. Quiero perderme en tus abrazos, como sé que alguna vez lo hice. Quiero respirar en tu pecho agitado y olvidarme de mi cara, de mi nombre y de mi vida. Sólo tú. Sólo tú que permanezcas en mi ser, como sé que alguna vez lo fue.

Miro mi cara en este espejo y me reconozco por primera vez, como si de alguna forma mágica me hubiera pegado a esta imagen. Sueño nuevamente, incluso despierta, la noche macabra cuando dejé de vivir mi vida y me vine a vivir esta, que es prestada, que es ajena y sin embargo es real.

Percibo tu olor en mis sentidos, como una constante que no me deja. Como si te negaras a abandonarme, pero no te encuentro en esta realidad y sigo buscándote, porque sé que existes. Si yo he venido, siento que tú también.

No sueltes mi mano, sé que te rogué y por alguna razón incomprensible me soltaste. Ahora tenemos esta complicación que me quita la cordura y que me hace ver pequeños esbozos del pasado, atados a lugares que sé que he visto pero que no logro relacionar con nuestra historia.

Esta sensación incompleta me perturba y me enloquece. Quisiera volar a tus brazos y quedarme prendida a tus olores, hasta desfallecer de alegría sintiéndome, por primera vez en largo tiempo, en control de mi razón.

Regresa a mí, te he rogado tantas veces y sólo tus recuerdos acuden a mi mente. Cada vez más claros, cada vez más vívidos, cada vez más enteros. Sé que estás cerca, pero no sé si vas a lograr reconocerme. Tengo la esperanza más fuerte y perfecta del planeta, alimentada por la fuerza de la pasión que sé que nos subyugó un día. Te ayudaré a verme detrás de esta cara ajena y te amaré como sé que lo hice alguna vez.