La Habitación

Hubo un tiempo en el tiempo donde todo resplandecía de la mano de Lucía, que fregaba con escobillas de esparto y jabón de lejía hasta que los semblantes se reflejaban en las tablas del piso. Se esforzaba como si esta casa fuera de ella y no paraba en su empeño hasta ver las superficies brillando. Entonces, estaba todo dispuesto para las tertulias y las visitas de los amigos; para las cenas y para las noches de lectura en compañía de un cognac y un habano.

El papel decomural mostraba sus grandes flores de colores deslavados, con su fondo de color manila. Pensamientos, rosas y jazmines se armaban en intrincados ramilletes que cubrían las paredes, dándoles el tinte que los habitantes de la casa necesitaban. Las vigas del techo se mostraban desnudas y plenas de  tallados, con historias y hechos conocidos sólo por la mano del carpintero, que tuvo a bien disponer su creatividad en cada una de ellas, haciendo un mapa imaginario que empezaba en la sala y terminaba, como era debido, en los dormitorios.

Los muebles fueron encargados a Europa. Los más expertos artesanos reprodujeron para todas las habitaciones exquisitos decorados que le hacían honor a las maderas que los sostenían. Todo olía a madera y calor. Todo estaba entremezclado con la cera de abejas que Lucía se empeñaba en frotar en cada ropero, cama, mesa, silla, arrimo, escritorio y biblioteca. Incluso las ventanas, con sus grandes postigos de bronce, recibían de vez en cuando una pulida con aquel paño de lana que amenazaba con desarmarse, pero que, en sus sabias manos, revivía una y otra vez.

La cama estaba dispuesta contra la pared al lado del ducto de la chimenea que subía desde el primer piso. Desde la ventana, entraba la luz de la mañana clara y sensible, cegadora en verano, amigable en invierno. El escritorio se adosaba a la pared contigua y todo olía con la brisa de la tarde que se colaba presurosa por entre los vidrios. La bacinica de porcelana descansaba callada y dócil, invariable, debajo de la cama. Todo tenía su espacio reservado, su parsimonia prevista, sus horas encantadas.

A la vuelta de los años, cuando la familia abandonó lentamente la casa, sólo esta habitación fue permaneciendo entera, con sus muebles y su papel decomural, hasta que el paso de los años fue cobrando lentamente sus cuentas y llevando por delante cada espacio, cada decorado y cada tinte consigo en un viaje sin retorno. Ya no estaba Lucía para salvaguardar la dignidad de  pisos y artefactos. Se había marchado mucho antes, sumida en el sopor mortal de las fiebres que causaban estragos.

La pátina en los vidrios fue creando visiones fantasmales que se colaban junto con el viento que entraba por las rendijas, ensanchando sus cavidades cada vez más. El papel decomural fue colapsando, por efecto de la humedad que interfería molestosa aquí y allá, hasta dar paso al alma de la pared, donde había morado la suave malla de arpillera, por años protegida, dormida y de pronto violentada por los elementos.

El polvo se iba acumulando en todos lados y sólo la vieja bacinica se mantenía en su sitio. Los pisos perdían lentamente su color rojizo y daban paso a un gris desaliñado que tocaba con tintes nostálgicos toda la habitación. La cama, dispuesta contra la pared, porque nadie se atrevió a moverla, seguía allí, como aspirante eterna al nido de las termitas y las salpicaduras de la lluvia que iba cobrando cada vidrio del ventanal, en cada temporal.

Cuando vinieron los carpinteros a demoler finalmente esta habitación y la casa por completo, de alguna parte perdida en las paredes y a fuerza de los martillazos, brotó un rosario, por años buscado, siempre recordado, que cayó dramático al lado de la bacinica, aún incólume, llena del polvo de los años, como si sus antiguos inquilinos hubiesen convertido sus humores en finas partículas, como sus recuerdos.

abandolandia

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4 pensamientos en “La Habitación

  1. Buen relato, me recuerda las obras del realismo de Dostoyevsky. Quizas por lo mismo, aunque no tiene concordancia, la fotografia me hace pensar más en la pieza de Raskolnikov en Crimen y Castigo que lo descrito en el texto.

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