Cuéntame Más

Dijo Mercedes Pilar con profunda serenidad y sin pretender nada en lo absoluto, sólo escuchar. Se levantaron de pronto las olas y el viento que trajeron revolvió sus cabellos. ¿Está usted segura de esto? Es confuso incluso para mí. ¿Estás segura?

Háblame por Dios, dime lo que tienes encerrado en tus sueños, lo que no te deja ser feliz, que te amarga los días y te hace buscar lo impensado. Todo aquello que recorre tus sentidos, de los lugares donde estás y que evocas en los minutos de silencio, dímelo. Cuéntame lo que quieras, desde el principio, si lo recuerdas, desde la alborada de tus sueños; desde entonces niña, desde entonces.

Arregla sus cabellos en un ademán que Mercedes Pilar verá muchas veces, acomoda la silla, arquea su espalda, buscando una posición más cómoda y acerca la taza de café a sus labios. Ha olvidado el azúcar y el mohín en su cara les provoca risa.

Siempre el olor del café me ha traído el mismo recuerdo, que no es una imagen, sino sólo sensaciones. La tibieza de un abrazo, la ternura y esa fragancia que revuelve mis sentidos, que empieza en una delicada nota de café y termina en el olor de mi sudor entremezclado en una vorágine de aromas perdurables y salvajes.  Lavanda y tabaco, café y humo. Huele como el miedo, como la pasión humedecida en una tarde de lluvia entre la tierra y el cielo. Está y tiene vida, como si fuera el perfume de alguien que he visto y que me es muy familiar. No logro recordar su rostro. Me esfuerzo en recordar y es ahí cuando esta pesadilla me invade, me paraliza y quisiera olvidarme de todo, de una vez.

Sus ojos se vuelven de agua, su mirada se pierde en el horizonte y antes que la vida le alcance, vuelve a acomodar su cabello. Así una y otra vez, mientras intenta explicar la naturaleza de sus sueños.

Mercedes Pilar inquiere lentamente, buscando el significado oculto de tantos símbolos repetidos. Le alcanza una servilleta para que se limpie las lágrimas que se esfuerza en contener y le escucha con atención, mientras va juntando los pedazos de la historia, como lo hace con los trozos de sus mosaicos. Le escucha con atención y decide tomar notas. Son tantas cosas, tantas sensaciones. Está fascinada. Se transforma en espectadora de esta historia sesgada que lucha por salir a flote, en la mente atormentada de esta joven mujer.

He visitado médicos, brujas y nigromantes. Todos  me dicen más o menos lo mismo. Todos aseguran que mi inconsciente sostiene esta historia y le da una forma que se viene a esta realidad. Hablan en términos finitos, cuando lo que me pasa me mueve día a día, como las ruedas de un molino. Siento que lo he vivido tan intensamente que  me afiebra pensarlo. Me estoy volviendo loca, pero siento que surgen imágenes que tienen asidero en mi mente. Dígame por favor qué es lo que me pasa.

Mercedes Pilar toma sus manos con ternura. Contrastan las suyas llenas de grietas, sus uñas partidas y el tenue color de la arcilla con las manos de la joven, delgadas, blancas y llenas de finas venas. Un lunar interrumpe, bajo su pulgar, la tersura de su piel. 

Le pide que se calme, que no piense en  la locura, sino que crea firmemente que ella sí la entiende. Debes venir nuevamente. Debo pensar qué significan tantas cosas que aparentemente no tienen ninguna conjunción. Debes concentrarte ahora, sin temor. Deja que todo fluja en tu interior, que todos tus recuerdos se acomoden de una forma coherente. Has luchado mucho contra ellos, debes dejarles salir.

cafe

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