Entre las Nubes

“El globo llegó sin contratiempos a su destino, después de un viaje apacible por un cielo de un azul inverosímil. Volaron bien, muy bajo, con viento plácido y favorable, primero por las estribaciones de las crestas nevadas, y luego sobre el vasto piélago de la Ciénaga Grande”. *

Tuve que interrumpir mi lectura, mientras el sol me pegaba de frente y la magia de los acontecimientos me despertaba con la imagen nítida y colorida de los globos aerostáticos elevándose lentamente en la planicie, en el camino a Lucerna, coincidiendo magistralmente, como si todo estuviera ya planeado.

Miré con detención, mientras los globos seguían subiendo. En sus carlingas de mimbre se refugiaban pequeñas personas. Veía parejas en la plenitud de su amor, eligiendo este viaje para contraer matrimonio. Era la moda este año, en un verano plácido y soleado. Lo mejor de la región.

Ibamos a celebrar nuestro décimo tercer aniversario. La complicidad rebelde de los primeros años había cedido a un apacible estado de adivinación, donde con sólo ver los gestos del otro, podíamos predecir incluso el tiempo y la temperatura de nuestros corazones. Habíamos dejado atrás las conjeturas respecto a la felicidad y nos habíamos conformado con una especie de calma chicha que no tenía nada de despreciable y a veces sabía igual.

Acostumbrados, más que otra cosa, a las manías de cada uno, se hacía suave el surcar esta vida elegida y construida por ambos. Los vientos de las pasiones primeras se habían suavizado a medida que avanzaba nuestra existencia. No recordaba las borrascas iniciales y sí saboreaba con pena el anhelo del primer amor. Me faltó el aire en este punto y me miraste como con descuido. Ya conocías mis estados de ánimo, variables como era el viento en esta época del año. 

Escuchaste mis razones sin mucho entusiasmo, mientras contemplabas curioso otro globo que acababa de despegar. Recorriste con cuidado el libro que estaba por terminar y sonreíste. Siempre te pones melancólica cuando lees García Márquez dijiste, y me plantaste un beso sonoro en la frente, mientras tomabas el texto y lo arrojabas al asiento de atrás. 

Sólo ustedes, los de esta tierra, pueden ser tan descariñados y ausentes, argumenté buscando un alegato que realmente no quería. Seguiste conduciendo por la carretera, mientras avanzaba la mañana. Masticaba el amargo sabor de la no respuesta, pero me conocías bien. Entre los campos se levantaba la polvareda del verano, anunciando una cosecha abundante. Siempre tu alma ha sido la de un campesino, por eso me has tenido tanta paciencia, suspiré con pena, tratando de alcanzar mi libro.

Recordé la primera vez que te vi. El sol iluminando tu chaqueta color lúcuma, en un verano perdido, en un tiempo tan anterior a este. Soplaba el viento ese día, lo recuerdo bien, porque un remolino de tierra te alcanzó, mientras volvías a tu auto y me miraste perdido en la ventolera. Pensé no alcanzarte nunca, pero aquí estábamos, trece años después de entonces y me sentía desgraciada al constatar que ya no era lo mismo.

La esencia del amor no era más que eso, pude comprobar a la vuelta de los años y cuando todo se me venía en contra. Era difícil ser inmigrante en mi propio hogar. Ver tus muecas de desaprobación cada vez que equivocaba los tiempos verbales o terminaba hablando algo tristemente fuera de contexto, en un idioma completamente ajeno. Me refugié en los libros con porfía y aceptaste que las cosas eran de ese modo. Creo que nunca habías dejado de amarme. Yo no estaba segura si aún podría usar esa frase con propiedad.

Paraste de pronto y diste la vuelta en U. Sin pensarlo siquiera, estábamos en la planicie de los globos. Bajaste corriendo, mientras el viento agitaba tus cabellos. Cogí mis lentes de sol y me bajé entre sorprendida, molesta y fascinada. Me subiste en tus brazos a la carlinga y acto seguido el sonido de la flama de gas era lo único que nos acompañaba. Te miré fijamente. Busqué con desesperación al que había visto entre la ventolera, en un lugar tan distante, en un tiempo tan anterior. Ahí estaba. Riendo francamente, apartando sus cabellos con el mismo ademán de entonces.  Ahí estaba. Conmigo. Entre las nubes. Arrojaste con un gesto teatral mi libro por la borda y me abrazaste. El sol nos iluminaba. El viaje por un cielo tan azul nos encandiló la mente. Creo que no habíamos gozado tanto con un aniversario. Guardé los minutos celosamente en mi memoria. Sin mirar, asentiste con tu cabeza. Tú hacías lo mismo.

* De “El Amor en los Tiempos del Cólera”, Gabriel García Márquez.

 

The Third The Seventh – by Alex Roman HD by chrieseli

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26 pensamientos en “Entre las Nubes

  1. Esta entrada tan bonita me ha devuelto un poco la fe.
    La fe de que en alguna parte de este planeta se encuentra mi alma gemela o en su defecto mi alma no gemela pero con la que pueda compartir algo asi…

    I love love loved it

    • Charlotte: I’m so glad you like it. He descubierto a la vuelta de los años que el amor es un sentimiento dinámico, en constante transformación, fuertemente resguardado por uno mayor, llamado AMISTAD.
      Un abrazo y gracias por pasar.

  2. Pingback: IDIOTAS « Cstax's Blog

  3. Pingback: * cuento para niños con moraleja estúpida « c u e n t o * c h i n o

  4. Pingback: La trampa. (2) « Blog de relatos y otros escritos intimistas | Por Anne Fatosme

  5. Un relato hermoso y perfecto, estimada chrieseli. Además del preciso testimonio de un tiempo, lo interpreto como el análisis de una actitud frente a la vida que se resume en un solo aspecto esencial: la vivencia del amor.
    Un fuerte abrazo para ti.

  6. Pingback: Solo el viento « Concha Huerta – Arte y cultura

    • Fanou: Me alegra que hayas pasado. Tienes razón, tiene un dejo de tristeza, creo que puede ser cuando la protagonista se da cuenta que el amor se ha transformado en algo menos onírico y mucho más real, cuando lo único tangible es la agradable compañía.
      Un abrazo y nos leemos

  7. Pingback: dorotea y el tornado. « no entiendo nada.

  8. El viento rememoró un pasado mejor y una historia que parecía apagada resurgió cual Ave Fénix.

    Me ha encantado la historia que volaba y alimentaba los sueños de la pareja.

    Un saludo.

  9. Hola Tere, no creo que puedas ponerla, corresponde a un video que vi y me encantó. Lo pongo de cuando en cuando por las imágenes y por la música. Cuando leia tu historia lo tenia puesto y creo que le iba bien. Te dejo el enlace por si quieres verlo o si te apetece escucharlo. A mi me gusta mucho.
    Salut

  10. Bonito, bonito. Siempre con esas acentos de Marquez, del que creo humildemente, no puedes escapar. Como elogio lo pongo, por considerarte a una altura similar.

    Bonito.

    • Eduard: bonito eres tú por tu gentileza y tus elogiosos comentarios. Me retiro turbada por la comparación, pero tienes razón, una vez que lees a Gabo, no puedes escapar de él. Si sólo pudiera escribir la mitad de bien ….

  11. Micromios: Un placer haber seguido este ejercicio. Si te parece puedes darme el nombre de la pieza que escuchabas y lo adjunto a la entrada.
    Un gran abrazo y gracias por todo.

  12. Elevarse por encima de los contratiempos para sentir que el amor está ahí, como lo hacen los globos me ha parecido muy hermoso. Un nuevo viento que eleva las ideas de nuestras historias.
    Salut
    (lo lei mientras escuchaba una música suave y me pareció ver elevarse los globos)

  13. Querida Anne: Un gusto haberte satisfecho y que te hayas identificado con esta historia.
    Es la proyección de un suceso que jamás pasó, inspirada por una línea del libro de Gabo. Tal vez hubo una razón para ello.
    Un gran abrazo y gracias por comentar.

  14. Un preciosa historia de amor,basada en la metáfora de un viaje en globo. No sabes que acertada me parece la metáfora, te lo digo por experiencia! Una historia de amor a pesar de todo, de los malentendidos, de la rutina, de los desencuentros. A la recherche du temps perdu, hubiese dicho Proust. A la recherche de chrieseli, digo yo.
    Un abrazo.

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