Kandahar. La Noticia

Sus brazos colgaban de la cama. Rafael la miraba con la misma expresión entre divertida y culpable que ponía siempre, después de hacer el amor con ella. Elegían la misma habitación del mismo hotel discreto, en el barrio alto de la ciudad. Se estacionaban en distintos lugares, lejos uno del otro y se reunían en el cuarto. Un plan perfecto, una puesta en marcha impecable, sin errores. Probada  constante y morbosamente, en los últimos siete años. 

Rafael sabía que ella había bebido la noche anterior, como sabía también que se drogaba con frecuencia, que nunca amó a Michael y que su falta de ternura era lo peor para ella. También sabia que ella había leído con calma y con cuidado, en sus expresiones, cada uno de los episodios tristes de su niñez. Que podía entender su sarcasmo y sus críticas agudas. Sabía de su fascinación absoluta por la guerra y mucho más.  Ambos se conocían muy bien. Y fue por esa razón que ella le preguntó qué andaba mal. Qué sucedía de nuevo en esa cabeza perturbada, insana, maliciosa. Aquella cabeza llena de ideas que ella hubiera querido retirar una a una, para auscultarlas bajo el microscopio de su corazón, hasta averiguar a ciencia cierta si Rafael le amaba tanto como ella a él.

Sofía había abandonado la casa, le dijo de golpe. Se enteró apenas llegó y leyó veinte veces la nota escueta que dejó en su escritorio, entre sus papeles más queridos. Se había ido del hogar familiar para vivir, a sus jóvenes dieciséis años, con un muchacho que había conocido en un concierto de hiphop.  Rafael no mostraba huella aparente de dolor. Ella se envolvió en la sábana y escuchó con atención la historia. Pidió dos aguas minerales y sacó de su bolso un par de calmantes. Se le partía la cabeza.

Sofía era la hija preferida. La primera cuerda a tierra que le ataba a este país. Por ella había mantenido siempre la rutina de ir y volver, en la misma secuencia de días, en las mismas estaciones del año, durante todo este tiempo. Eres como el zorro, le dijo una vez, cuando leyeron el Principito juntos.  Nunca se había percatado de que Sofía le conocía como nadie en su entorno familiar.  Leía entre líneas sus artículos y se sentía desamparada ante el cuadro repetido hasta la abundancia de dolor y balas. Alguna vez le consultó si él estaba de acuerdo con los hechos descritos con tanta pasión en sus artículos, pero debido a su inexperiencia y candidez, fue incapaz de acertar con la frase adecuada. Rafael esgrimió entonces una respuesta conocida, un discurso de libro. Un abrazo y un buenas noches.  Fue entonces cuando Sofía comenzó a indagar entre sus papeles, en su ordenador y en su móvil.

Ahora Rafael le miraba a ella y luego de contar los hechos, cayó en conclusiones evidentes que nunca había querido ver. Recordaba los ojos dramáticos de su hija, con aquella línea de Kohl demasiado pronunciada para sus años, su cabello planchado con detalle y teñido de negro azabache en un look entre triste y decidido y se percató de que no la conocía. Sin embargo, su hija tenía esa ventaja sobrada sobre él. Sabía de sus justificaciones siempre cursis por su trabajo y sus viajes. Sabía sus claves bancarias y cómo manipular su teléfono. Sabía que tenía una amante. Sabía que no quería a nadie sino a él mismo y sabía también que nada de lo que pudiera hacer, podría importunarle tanto como la certeza de que no habría otra guerra. En un punto, Sofía se había convertido en lo que él más amaba. Un conflicto. Tal vez eso la reconfortaba y tal vez por eso decidió fugarse, digo Rafael. Tal vez.

Tomó su cabeza entre las manos y buscó lentamente las palabras. Pero con ella ese ejercicio no le resultaba. Se le agolpaba todo en desorden, los sonidos y los recuerdos. Los tiempos compartidos y los que pasaron a través de la línea de un teléfono, que traía la voz de Sofía con cinco segundos de desfase, como le había traído la voz de ella tantas otras veces. Como le había traído las voces de todos a los que siempre llamaba y que probablemente no le importaban tanto como las escenas macabras que había acabado de presenciar. Eso le llenaba más que nada otro. La miró con profunda desolación y entendió por primera vez en estos siete años de sudor, de frases obscenas, de cuerpos desnudos, de aguas minerales y de besos apasionados, porqué ella bebía como un marinero. Porqué de vez en cuando, llenaba su cuerpo con sustancias tóxicas que la moral y las buenas costumbres de Rafael jamás hubieran acercado al suyo y por qué le amaba tanto.

Miró la pantalla de su móvil. Debía irse. Aún quedaba mucho por resolver y su ticket de vuelta a Kandahar no era modificable. Le dió un beso en la mejilla. Sacudió su ropa por si alguno de los cabellos de ella se había colado entre su camisa o sus pantalones. Salió, cerrando la puerta despacio. Tomó el elevador. Y el mensaje escueto de su hija en el móvil, le avinagró la sangre: “No me busques. Estoy de maravilla. Mucho mejor que antes. No me busques. No me vas a encontrar”.

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12 pensamientos en “Kandahar. La Noticia

  1. La vida nos regala y nos quita a su antojo mientras nosotros nos empeñamos en que somos sus dueños. Un velo se ha despado y la vida de Rafael cree que ya es hora de quitar.
    Muy buena recrecación de sentimientos que explican mucho sin contarlo todo.
    Salut

  2. He andado un par de veces por aquí, otras, te espío por el interblog, esperando leer toda la serie antes de escribirte, pero no me deja el reloj. Así que dije nimporta, allá voy con dos leídas. Me gustan ambas, bastante. No se parecen a las demás. Se ven como de otra mano, Cerecita. Como más desde afuera, como desde la distancia, pero igual de cercanas… no sé si he dicho una idiotez, pero es la impresión que me dan. Tengo un amigo que cuando escribe sobre él, escribe en tercera persona y cuando escribe sobre otros, en segunda plural…. es algo parecido a eso. Bueno, hoy no es uno de mis días lúcidos, pero igual no quería que siguiera pasando el tiempo. Un abrazote y un besote para ti.

    • M: qué sorpresa!!! Gracias por las visitas y por no esperar hasta el final de la serie. Lamento comentarte que son estas historias hechas con la misma mano. Tal vez sea que he logrado darles la distancia necesaria para lograr imparcialidad.
      Un ABRAZOTE y gracias por pasar 😉

  3. Bueno, finalmente el hombre de acción se encuentra ante una situación que lo descoloca. Evidentemente, como a la mayoría de los hombres, las cuestiones afectivas le resultan mucho más complicadas de manejar que una guerra, por ejemplo. Y claro, ante esas situaciones de emergencia, el remedio es vomitar todo junto a la mujer que nos soporta.
    Me interesa saber cómo seguirá la historia, una vez que Rafael abandone los espacios reducidos como habitaciones de hoteles, y enfrente una realidad que viene esquivando con sus contínuos viajes.
    Saludos, Chrieseli!

    • MX: nadie es tan malo para no tener algo de bueno ni nadie es tan bueno, para no tener algo de malo. El hombre de acción tiene su talón de Aquiles, dos en realidad.
      Vamos lentamente abriendo los espacios, a medida que se van abriendo los corazones.
      Un abrazo y gracias por tu visita.

  4. Rafael se nos va abriendo en la medida que se nos va mostrando más unido a ella. Un laberinto tan grande como tu historia parece que esconde dentro este hombre, y así hace más sustanciosa la historia en tanto siempre hay una nueva vuelta por descubrir. Me sigue gustando amiga!

    • Clau: el laberinto del que hablas, tiene siempre relación con la cantidad de murallas que los mismos protagonistas van creando. Creo sinceramente que la vida no es la compleja, sino que somos las personas. Cuando queremos salir , nos creamos alas. Vamos para allá en esta historia. Me alegra que te siga gustando.
      Un abrazote

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